Dictados para Primaria

Dictados para niños de Primaria

Dictado 1

Me mira como si no mereciera considerarme un ser humano, y en el final vuelve a su sitio y comienza a comentar sobre la clase de hoy: Alfredo el Grande y lo buen rey que fue, y empieza a explicarnos que, en su reinado de veintiocho años, ese monarca mostró una enorme destreza militar, increíbles talentos de gobierno y una espectacular capacidad para inspirar y motivar a ejércitos. Cárter está realizando un óptimo trabajo hasta que se pone a detallar el aspecto del rey Alfredo, la ropa que vestía y cosas de esta forma. Saca las especificaciones de un libro de texto que, para cambiar, es inexacto e imparcial. Y aunque me encantaría corregir a Cárter y al libro, me callo. Tengo que llevarlo a cabo, porque si no podrían castigarme con la expulsión y borrarme la memoria por romper una de las tres reglas vitales de la Guardia. Para quitarme de la cabeza las imprecisiones de la Historia, le echo otro vistazo a la chica de al costado en busca de ese algo que consiguió que mis neuronas reaccionen. Ella lo nota y me mira resumidamente antes de fijar la visión en el pupitre. Pero con eso me basta. Tiene los ojos enormes y de color castaño, como los de Matt.

Dictado 2

La arquimedianidad es una propiedad primordial de los números (llamada de esta forma por el matemático griego Arquímedes), de acuerdo con la cual se puede rebasar algún número, por grande que sea, añadiendo repetidas ocasiones algún número menor, Por reducido que éste sea. Aunque esta Propiedad sea en inicio visible, algunas veces la multitud se resiste a aceptar sus secuelas, como ese alumno mío que sostenía que el cabello humano no crece a razón de kilómetros por hora. Lamentablemente, la agregación de los nanosegundos empleados en una operación fácil de PC hace largos embotellamientos en los inconvenientes intratables, varios de los cuales tardarían milenios en ser resueltos. No es simple acostumbrarse al hecho de que los tiempos y distancias minúsculos de la microfísica, y además la inmensidad de los fenómenos astronómicos, distribuyen las dimensiones de nuestro mundo a escala humana. Se entiende, ya que, cómo la propiedad previo llevó a Arquímedes a su famosa afirmación de que si le dieran un punto de acompañamiento, una palanca lo muy extendida y un espacio donde situarse, podría, él solo, alzar la tierra. La inconsciencia de la aditividad de las reducidas proporciones es otro defecto de los anuméricos, que aparentemente no se terminan de creer que sus chicos aerosoles de laca para el cabello logren agredir en lo verdaderamente mínimo la cubierta de ozono de la atmósfera, o que su automóvil especial contribuya, al inconveniente de la lluvia ácida.

Dictado 3

Nadie menor de cinco años iba desarmado. Había cuchillos, machetes, bates de béisbol, palos con pinchos atravesados, cadenas y pistolas. Nadie iba a vestido a la tendencia, al menos de acuerdo con los estándares normales. Los chavales llevaban camisetas rotas y tejanos numerosas tallas más importantes de lo que les correspondía. Algunos llevaban ponchos hechos con mantas. Varios iban descalzos. Algunos se habían adornado con plumas que les sobresalían del pelo, enormes anillos de diamantes ajustados con cinta adhesiva, la cara pintada, flores de plástico, todo tipo de bandanas, lazos y cinturones entrecruzados. Pero por lo menos iban limpios. Muchísimo más limpios de lo que iban en Perdido Beach hacía un año. El traslado al lago Tramonto les había entregado un suministro en fachada inacabable de agua potable. Hacía tiempo que se les había acabado el jabón, y además el detergente, pero el agua potable ya hacía maravillas. En este momento se podía estar en un grupo de chavales sin tener arcadas por el mal olor. Por doquier, mientras el sol se hundía y las sombras crecían, Sam veía el destello de colillas de cigarrillo. Y, más allá de todos los intentos por evitarlo, todavía había botellas de priva, original o destilada hace poco, corriendo entre los grupitos de chavales. Y, seguramente, si se hubiera molestado en llevarlo a cabo, podría haber detectado el tufillo a marihuana. Pero, generalmente, las cosas iban mejor. Entre los productos que cultivaban, el pescado que pescaban en el lago y la comida que intercambiaban con Perdido Beach, nadie se moría de hambre. Tenía que ver con un logro excepcional.

Dictado 4

Como rey, les he prometido impartir justicia —comenzó a decir—. Si podría haber sido un asesinato premeditado, no me habría quedado otra alternativa que la pena de muerte. Pero Cigar fué buen trabajador. Y no pretendía matar al pobre Jaden. La siguiente pena es pasar tiempo con Penny. Tiende a ser media hora. Pero no basta para algo tan grave como lo ocurrido. Por eso ahí va mi regio veredicto. Caine se volvió hacia Penny, que temblaba, expectante. —Penny va a tener a Cigar del amanecer al anochecer. Mañana, cuando el sol salga por las montañas, empezará. Y cuando el sol alcance el horizonte sobre el mar, concluirá. Caine vio que los ojos de Quinn lo aceptaban con reticencia. La multitud murmuró exponiendo su aceptación. Caine soltó un suspiro discreto. Inclusive Cigar aparentaba aliviado. Pero Caine pensó que ni Quinn ni Cigar poseían iniciativa de cuán sumida se encontraba Penny en la disparidad desde su extenso suplicio plagado de mal atroz. Siempre fué una criatura despiadado, pero el mal y el poder la habían convertido en un monstruo.

Dictado 5

El Aconcagua, de 6962 metros, es el pico más prominente de todo el conjunto de naciones americano, y es muy simple de escalar si se aborda desde la cara Norte, pero increíblemente complicado desde la cara Sur, el lado que habíamos elegido. Logró mucho frío y viento a lo largo de toda la expedición. Usamos esquís de travesía para contemplar los 40 km que había más o menos desde la carretera más cercana a la base de la pared. Repetimos los porteos numerosas ocasiones para transportar todo el material primordial, establecernos en el campo base y subsistir a lo largo de el tiempo que durase esta expedición. La bienvenida que nos dio el Aconcagua con su clima infernal fue con apariencia de una tremenda tormenta que arrasó el campo base, y destrozó dos de nuestras tiendas de operación. Nos hemos visto obligados a cavar interfaces abajo de algunas enormes rocas y alzar ahí nuestro nuevo campamento. Pedimos prestada otra tienda al almacena del parque, con la promesa de usarla en la montaña y devolvérsela de solo una parte. En Mendoza compré un termómetro de madera, con la capacidad de registrar temperaturas de hasta -50 °C, confiando en que jamás llegaría, ni de lejos, a su tope. Nos volvimos a equivocar al entablar el campo base donde lo hicimos. La mañana en que salimos hacia la pared para comenzar nuestra escalada el termómetro marcaba -46 °C.

Dictado 6

Esa misma mañana, no sé si por los nervios o porque era una demanda fisiológica habitual, tuve la necesidad de vaciar mis entrañas antes de comenzar a escalar la cara Sur del Aconcagua. Además, se encontraba contento de que esto hubiese ocurrido antes de comenzar a escalar y no en mitad de la pared. Lorenzo y yo teníamos unos trajes nuevos y increíblemente calientes para las considerables altitudes, de color amarillo con líneas rojas y azules. Podíamos ser vistos de forma sencilla en el glaciar, y también en mitad de la niebla podíamos reconocernos entre nosotros. No obstante, estos trajes no poseían la cremallera posterior que es fundamental para estas situaciones, con el objetivo de exponernos al frío lo mínimo viable. Las únicas configuraciones eran o sacarnos el traje hasta las rodillas, o realizar un desarrollo extenso y laborioso, abriendo las cremalleras que estaban en la parte interna de las piernas. Opté por la primera satisfacción, que, aunque traumática, era la eficaz. Me distancié por un instante de Lorenzo e hice un agujero en la nieve fría que nos rodeaba, intenté quitarme el traje por las cremalleras que había en la parte interna de las piernas, pero las polainas me lo impidieron porque estaban congeladas, por eso me tuve que remover el traje. Cuando terminé me lo puse lo más acelerado que pude, metiendo los brazos por las mangas, abrochándome la cremallera hasta el cuello y poniéndome además la capucha. Fue en ese instante cuando me percaté de que no fué muy hábil… me lo había hecho todo dentro de la capucha, y acababa de ponérmela sobre la cabeza a -46 °C. No diré nada más, ya que el resto les lo puedes imaginar. No obstante, mis desgracias no habían terminado. Lorenzo y yo comenzamos a escalar de manera rápida. Nos habíamos puesto los cascos gracias a las rocas que caían siempre (aunque, de todos modos, yo llevaba puestos dos cascos, uno de ellos orgánico