Dictados para Secundaria

Dictados para niños de Secundaria

 

Dictado 1

El reglamento era estricto: los portadores vertían agua pura numerosas ocasiones al día, en dos depósitos, uno al norte de la aldea, y el otro al sur. Los aldeanos iban a buscar agua con jarras para llenar las ánforas del interior, cuyo contenido utilizaban para beber, lavarse o cocinar. Desde la construcción de la cofradía, jamás había habido penuria, sino, muy al opuesto, una abundancia muy apreciada por la chiquita red social que vivía en una región desértica. El escriba de la Tumba fué nombrado por el visir con la aceptación del faraón. En este momento poseía mucho trabajo: le tocaba velar por la prosperidad de la aldea, proteger el buen entendimiento entre los dos jefes de conjunto, realizar los pagos al personal, llevar el Períodico de la Tumba, en el que anotaba, atentamente, las ausencias y sus fundamentos, recibir el material primordial para los trabajos y distribuirlo, y proseguir la Enorme Obra iniciada por sus predecesores. Era una tarea espantosa que, no obstante, no le impedía entregarse a su distracción favorita: la escritura.

Dictado 2

Los navegantes que han visitado las islas que se desparraman bajo la Cruz del Sur han expandido a su regreso a puertos blancos elogios sobre la hermosura cautivadora de las nativos. Su entusiasmo al describirlas incitó a numerosos escritores, cansados del tumulto de la vida civilizada, a elegir una isla del Pacífico como un refugio donde vivir la presencia feliz e idílica del hombre primitivo. Gracias a sus cuentos imaginativos, varios civilizados suponen que Oceanía es el paraíso terrestre, donde a la sombra de las palmeras, bajo un cielo azul, mujeres de estatuaria hermosura elástica hacen languidecer de amor y enamoran. Creyeron que ahí donde el hombre puede vivir sin preocuparse por los convencionalismos y donde las bestias y las flores propagan el cariño, la vida humana es simplemente una continua sucesión de amor, caricias, besos y exquisiteces. No negaré que a lo mejor en Samoa, Tahití y alguna otra isla, va a existir mujeres bellísimas. Y buscarlas es exactamente el otro error del blanco civilizado. Por eso Birara me encanta. No conozco aquí lo que son los celos y mi instinto quedó ya eliminado. Puedo dedicarme totalmente a vivir con la monotonía sin sobresaltos de una vida desprovista de humanas pasiones.

Dictado 3

El leproso seco no huele. Aquel que tiene llaga, capitán Pantera, o que resuma un jugo que no se observa, éste es el que proporciona la lepra sin remedio. Sus costras despiden olor a flores marchitas. El mismo olor que en las riberas del Yang-Tsé, tú mismo dijiste aparentaba mentira pudiera salir de las flores verdes que crecen entre los juncos. —Celebro que seas un carcamal lleno de inteligencia y con bastante mundo visto, abuelo Tian. Descuida que cuando se me acerque alguien oliendo a eso que conozco, no me tocará, ni le rozaré tan siquiera. Tú, Tandkung, te quedarás dentro hasta que la selva esté desbrozada con un sendero. Entonces vendrás a mostrar que sabes encontrar oro donde la tierra lo tiene. ¿Tienes algo que decir? —Había un secadero de cocodrilos, capitán Pantera. Dos leguas al oeste de donde yo se encontraba. —¿Y qué? —Los nativos de todas estas islas no matan los cocodrilos, mi capitán. Llegue al secadero… porque saben que son anímales que limpian las aguas de inmundicias. —Los van a haber matado el médico y su compañero que no conozco todavía. ¿Qué relación tiene con el oro eso? —Por la noche, puedo bajar a tierra, mi capitán. Con la piel de un cocodrilo, avanzaría sin ser visto, y si hay oro en Birara yo traería las pruebas. —Tú eres un mozo listo, Tandkung. ¿No es verdad, Tian?

Dictado 4

—No le salvé la vida por amor al género humano civilizado —dijo el médico con tono sincero—. Mis canacos perdieron un óptimo banquete. ¿Quiere entender por qué le quise vivo? ¿Así como a su compañero? —Sea por lo cual sea, se lo agradezco. —No tiene por qué. En este momento zarpará usted, y si verdaderamente sabe lo que es el agradecimiento… ¡mate a Hans Rein y sus cómplices! Aquella exclamación se encontraba pronunciada con tanto escandalo, que Ross Maloney quedóse asombrado. —Mátelos… Porque quiero evadir que algún día vuelvan con más hombres en busca de oro y mis canacos los devoren. Quiero que mis canacos vivan relajados. Quiero que nadie sepa que hay oro en Birara. ¡Mate a Hans Rein y los suyos! Los va a encontrar en Rabaul. —Quizá no logre evadir que algún blanco vuelva a Birara, «doc». —Que no sea usted, capitán Maloney. Mis canacos van a volver al uso de las flechas venenosas cuando perciban blancos que intenten venir al interior. Yo mismo les dirigiré en la tarea sanitaria de exterminar a cuanto blanco venga. Estaban ya próximos a la orilla. Robert Charles cruzóse de brazos.

Dictado 5

Además figura entre esos proyectos que la gacela se niegue a dejarse comer por el león, por más natural que sea que el león se la coma. Trata de evitarlo con desesperación, aun cuando si lo consigue la consecuencia es que se coma a su hermana. Huirá en zigzagueante y loca carrera, el miedo va a acelerar su corazón al límite de estallar y morirá con el terror manifiesto en sus ojos desorbitados, tratando eludir los zarpazos que la irán desgarrando todavía ardiente, para ser devorada hasta dejar sus entrañas al aire, restos de festín para comedores de carroña, higienistas de la sabia y previsora Natura. ¿Por qué suceden estas cosas increibles? Suceden porque la verdad está sujeta a un orden, al popular orden natural. A las leyes de la Naturaleza. A la «ley de la selva». El orden natural es espectacular, pero es espectacular en relación a su fin, porque conocido es que si hay un orden hay una finalidad. Los beneficiarios del orden natural son las especies, no las entidades, porque con estas últimas el orden natural es maravillosamente despiadado. En los proyectos de la Naturaleza toda individualidad es más perecedera y fugaz que el grupo, porque los individuos no cuentan, cuenta la clase. Caso opuesto, la desaparición no podría estar en su programa. Lo está, y nada más natural dentro del orden natural que la desaparición. Que la fugacidad y la desaparición. Que la desaparición y el mal. Dentro de ese plan tienen que siempre matarse unos a otros de forma trágica, angustiosa, dramática, sórdida e ineludible. El mal es habitual denominador. La pirámide alimentaria y la pelea por la supervivencia son la persistente huida, persecución, acecho y cacería. Es la salvación de la clase, el desprecio del sujeto.

Dictado 6

Cuando estas instituciones, leyes y prácticas perimieron por el mero transcurso del tiempo y la raza humana fue modificando sistemas obsoletos por otros más acordes con las realidades actualmente, como cambió la carreta por el automóvil, creó en su reemplazo las considerables guerras mundiales, los campos de concentración, las armas nucleares, y tantas otras cosas que enumerarlas llevaría la vida. Este planeta no sólo anduvo mal, sino que sigue andando mal. Para comprobarlo es bastante con leer un períodico o prender un TV. No entro en la controversia de un eventual avance moral, porque no atrae aquí medir la amabilidad de Sardanápalo en relación con la de Hitler, dado que ello en nada modificaría lo que se sustenta en el sentido de que las cosas son como son desde hace tiempo. Podría concederse, quizás, que a Sardanápalo le aparentaba bien y a Hitler mal, y que eso ya es algo, pero no estoy muy seguro. En fin, lo que atrae dejar sentado es que no hay un solo lapso de la crónica de la raza humana en que las cosas, algo más, poco menos, hayan dejado de ser como son, y esto nos transporta a otra lamentable conclusión. De hecho, si como dicen los que saben el hombre está en el planeta, de la misma forma que es hoy, ya hace cincuenta mil o dos millones de años lo mismo proporciona, y las cosas, globalmente, siempre fueron como son, no hay varios argumentos para sospechar que en este momento vayan a cambiar. De algún forma las que pasaron por el momento no tienen la posibilidad de cambiar.